La carrera a contrareloj de una madre para llegar a tiempo al paritorio en Málaga: «Si no es por la policía, doy a luz en el taxi»

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Carmen relata a SUR como fue el final de su embarazo, en el que llegó en el último momento al hospital para traer al mundo al pequeño Pepe

 

Carmen no es ninguna novata en lo que a tener hijos se refiere. Ya había sido madre en dos ocasiones y este tercer embarazo transcurría con total normalidad, al igual que todos los demás. En casa son previsores y en las ocasiones anteriores llegaron con bastante tiempo de antelación al hospital para el parto, algo que esta última vez no ha sido así. No pasó ni dos minutos en el paritorio. Llegó justo a tiempo a Gálvez para dar a luz al pequeño Pepe, gracias a los que dice son sus «ángeles de la guarda».

Así de claro lo tiene Carmen Martínez, la madre del pequeño. El jueves era el día que salía de cuentas y estaba tranquilamente en casa cuando comenzó a sentir contracciones. Llamó al padre del pequeño, José Ignacio González-Mateos, que estaba en el colegio donde es profesor, y le dijo que estuviera preparado. Sus otros dos hijos también estaban en clase.

La siguiente llamada no tardó mucho en llegar. Carmen le pidió a José Ignacio que fuera a casa para marcharse juntos al hospital Dr. Gálvez. Pepe estaba a punto de nacer, pero no podían ni imaginar el poco tiempo que en realidad quedaba para ello.

El reloj marcaba las diez y diez de la mañana cuando pidieron un taxi. Viven en Teatinos y el aviso del servicio lo cogió Rafael Gallardo, dueño de la licencia 1288 de Málaga. Él, insiste Carmen, es uno de esos ángeles de la guarda. Juntos emprendieron un viaje «que se hizo eterno» hacia el hospital.

Carmen rompió aguas en el taxi. Rafael intentaba llegar cuanto antes a Gálvez, de hecho, confiesa que se saltó algunos semáforos para que la mujer fuera asistida en el hospital: «Los otros conductores nos pitaban e insultaban, pero la situación era una verdadera emergencia».

El camino no estaba siendo nada fácil. Carmen no dejaba de gritar en el coche debido al dolor de las contracciones, mientras que Juan Ignacio trataba de calmarla. En realidad, todos intentaban tranquilizarse los unos a los otros, sin perder nunca de vista el objetivo que tenían en mente: llegar cuanto antes al hospital.

Un atasco a la altura de calle Hilera detuvo en seco su trayecto. Entonces aparecieron sus otros ángeles de la guarda. Mariano y Juan Manuel, dos policías nacionales que estaban de patrulla en un zeta –que es como se conoce en el argot policial a los vehículos radiopatrulla del Cuerpo Nacional de Policía–.

Los agentes empezaron a escuchar el sonido incesante del claxon del coche de Rafael. Se fijaron que provenían de un taxi y se acercaron inmediatamente a comprobar lo que ocurría. «El taxista nos dijo que llevaba a una parturienta. Cuando bajó la ventanilla y vi a la mujer, su cara se me quedó grabada. Estaba claro que necesitaban ayuda», cuenta Mariano.

Activaron las luces de emergencia del vehículo patrulla y los sacaron de aquel atasco. Los escoltaban de camino al hospital, cuando de repente se separaron. «Creíamos que iban al Materno, así que nosotros seguimos por avenida Rosaleda cuando ellos giraron hacia calle Carretería», explica el policía nacional.

Sus caminos se dividieron entonces, pero Carmen insiste en que jugaron un papel muy importante en todo lo ocurrido: «Si no llega a ser por esos cinco minutos que ganamos porque la policía nos escoltó, doy a luz en el taxi».

Llegaron al hospital por los pelos. En Gálvez aguardaba otro ángel de la guarda. Desirée Bustamante, una técnico de rayos que es «anti-partos». «Mis amigas, sobre todo una que es matrona, han intentado que vea algún vídeo de una madre dando a luz pero soy incapaz. Al final lo he vivido en directo», señala.

No solo lo presenció, Desi, como la llama cariñosamente Carmen, se convirtió en la improvisada matrona para Pepe. La técnico estaba trabajando aquella mañana, cuando de recepción pidieron que se acudiera rápidamente a la puerta porque llegaba una mujer a punto de dar a luz.

Entre ella y una enfermera la recogieron en una silla de ruedas y la subieron al paritorio. Cuando llegaron arriba, la sala estaba vacía, ya que la matrona había bajado a las urgencias para ayudar a Carmen. Se habían cruzado por el camino.

Una vez arriba, la enfermera salió del paritorio para buscar ayuda. Carmen se quedó a solas con José Ignacio y con Desi. «Ya en el taxi notaba como la cabeza del bebé casi estaba fuera, pero es que en el paritorio fue quitarme los pantalones y Pepe salió enseguida», señala la madre.

Desi recuerda la fuerza del grito que dio Carmen. «Entonces se puso de pie, abrió las piernas y fue cuando pensé que eso ya no se podía aguantar más. El niño estaba ahí», cuenta la técnico de rayos. Estaba «muy nerviosa», ya que no había tenido hasta entonces «ningún manejo con niños»: «Solo pensaba en sujetarle la cabeza y en que no se me cayera al suelo».

Cuando el pequeño ya estaba fuera hubo unos segundos de tensión. Todos esperaban lo mismo y, entonces, Pepe comenzó a llorar. «Era la señal de que estaba bien. En ese momento, por fin me relajé», asegura la madre.

Desi fue una gran matrona, confiesa Carmen, que se muestra muy agradecida por la atención recibida. Los especialistas, la matrona y su ginecólogo, Antonio Calvo; se ocuparon del resto. «Antonio se portó muy bien, nos acompañó al teléfono, es un grandísimo profesional. Ha estado en el parto de todos nuestros hijos», apunta.

El pequeño Pepe pesó 3,2 kilos al nacer y midió 52 centímetros. Ya solo toca descansar y recuperarse de la experiencia. Todo había salido bien gracias a esos ángeles de la guarda. Carmen preguntó entonces la hora. Eran las 10.34, solo habían pasado 24 minutos desde que llamó a aquel taxi.

PUBLICADO POR DIARIO SUR. Sábado 26 Junio 2021

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